Salir a Comer

¿A qué sabe el Año Murillo?

Dos cocinero ultiman uno de los platos junto al cuadro ‘La cocina de los ángeles’. FOTOS: Belén Vargas

 

Que la ciudad se ha volcado con Murillo y el cuatrocientos aniversario de su nacimiento es algo evidente. Diversas exposiciones, por las que, según el delegado de Cultura Antonio Muñoz, han pasado más de medio millón de visitantes, dan fe de ello. Pero, al pintor se le puede conocer y disfrutar más allá de su obra pictórica y el paladar es una buena opción. Por eso, la Asociación Sevillana de Empresas Turísticas (ASET) presentó el pasado lunes en la Taberna del Alabardero una serie de iniciativas gastronómicas a través de las que celebrar la gran efeméride del año y acercarse a Murillo y a su época.
A través de esta iniciativa, diferentes establecimientos se unen a la celebración del Año Murillo, bien con menús o platos especiales, bien con rutas por la ciudad. Así, Inés Rosales lleva a cabo una ruta gastronómica por cuatro establecimientos de la ciudad, que ofrecen un plato especial elaborado con una de sus tortas. Entrepuertas, La Barandilla, El Pasaje y Gorki forman parte de la ruta gastronómica de Inés Rosales, que se lleva a cabo hasta finales de año. También se suman a la iniciativa de ASET Engranajes Culturales, Alminar Servicios Culturales, el Mercado del Barranco, la Hacienda Guzmán con su aceite de oliva y la propia Taberna del Alabardero, que ha elaborado su propio menú conmemorativo para la ocasión.

Sopa de tomate con melón y aranque.

Bajo el nombre de Homenaje a Murillo, 400 años de historia, desde la Taberna del Alabardero han elaborado un menú, compuesto por seis platos, con el que buscan trasladar al comensal al siglo XVII. Inspirado en la alimentación y costumbres de la época y, sobre todo, en las obras pictóricas de Murillo, este menú se basa en las diferentes clases sociales del siglo XVII, así como los diferentes productos de los que las personas de la época disfrutaban en función de su poder adquisitivo. De ahí que el primero de los platos del menú sea la sopa de tomate con melón y arenque. Presentado en una cazuela de barro, como era común en la época, este plato está ligado al cuadro La cocina de los ángeles. A pesar de que el tomate estaba reservado a las clases nobles, por ser un alimento venido de las Américas, este producto se pinta por primera vez en la historia en este cuadro. La pieza representa la leyenda que había en torno a un monasterio al que acudieron los ángeles a preparar la comida después de quedarse los monjes sin sustento tras darlo todo a los pobres. Con ingredientes del mismo cuadro es el siguiente de los platos: alboronía con ragout de cordero y membrillo presentado en una cuchara de madera.

Una de las tapas elaboradas con tortas de Inés Rosales.

Plato estrella de la época, la olla podrida es la siguiente propuesta del menú. Común entre las clases más desfavorecidas, cuentan que hubo una reina que quiso incluirlo en el menú de palacio. Sólo tuvo que cambiarle el nombre para lograr que la nobleza adorase el plato tanto como ella. Ahora, la Taberna del Alabardero propone este plato como un guiso de garbanzos cremosos y ravioli crujiente de sus sacramentos. A pesar de que el pescado estaba reservado para los más pudientes, o para aquellos que viviesen cerca del mar o del río, el bacalao se presentaba como nexo entre pobres y ricos. De ahí que el bacalao sea la siguiente propuesta de este menú conmemorativo. Sobre espinacas y pasas y acompañado de migas, este plato aglutina la inspiración árabe, las reminiscencias cuaresmales y el empeño del converso de la época por demostrar que come cerdo. El último de los platos salados del menú es la prueba de que en el siglo XVII los paladares del personal notaban la diferencia entre ser rico y pobre. Presentada en un plato de cerámica –algo reservado a los más ricos– aparece la codorniz rellena con cebollas y uvas glaseadas a la canela. El ave, que aparece en el cuadro El hijo pródigo haciendo vida disoluta, era símbolo de poderío y ser servía al centro de la mesa. El último de los platos, el postre, es un compendio de todo lo que tenían en común los nobles de la época. Eran los únicos que disfrutaban de los productos que venían de América, por eso cierra el menú el cremoso de chocolate con maíz y helado de naranja, para poner el toque sevillano.

Aceite de la Hacienda Guzmán.

Con un precio que ronda los 45 euros por comensal, este menú se ofrece a grupos con un mínimo de diez personas. La idea es que se celebren en los salones privados del establecimiento y, en un futuro, llevar al propio Murillo a las comidas de la mano de Engranajes Culturales.

Más Taberna del Alabardero. C/ Zaragoza, 20. Reservas en el 954 502 721

¿A qué sabe el Año Murillo? Revisado por on 08/03/2018 .

  Que la ciudad se ha volcado con Murillo y el cuatrocientos aniversario de su nacimiento es algo evidente. Diversas exposiciones, por las que, según el delegado de Cultura Antonio Muñoz, han pasado más de medio millón de visitantes, dan fe de ello. Pero, al pintor se le puede conocer y disfrutar más allá de

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